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La paciencia del psicopompo.

Desde que se descubrió que el detective Héctor DeSoto es un psicopompo, su casa en la playa se ha llenado de espíritus atormentados que buscan redención. Por desgracia, solo encuentran insultos cuando lo despiertan en medio de la noche, y todos sabemos lo que puede llegar a molestar una visita no deseada a las tres de la madrugada.
Para combatir a la locura, Héctor ha plantado un cartel en la entrada de su domicilio, consiguiendo que todas las almas fallecidas a partir de 1984 se lo piensen antes de entrar.
Sabía que valdría la pena guardar la horrenda camiseta que le regalaron durante la promoción de la película “Cazafantasmas”.

La ley del más débil

Jeremy Hayden se hizo budista tras una vida de pecados y así su alma se salvó del infierno.
Pero en el bando satánico no estaban conformes con la resolución y demandaron a Jeremy.
A la quinta apelación, Jeremy pactó con sus abogados su ingreso en el infierno.
Descubrió que cierta burocracia puede ser peor que una eternidad de torturas.

Culpabilidad.

Anthony fue durante toda su vida un tipo juvenil. Demostró que tenía más energías que nadie hasta los ochenta, y aún así, sus hijas no consiguieron meterlo en un geriátrico porque aseguraba que «los asilos son para viejos».
Un día, recién cumplidos los noventa, la Muerte visitó a Anthony y debatieron acerca de la longevidad. Mientras la parca le explicaba que se le había acabado el tiempo, Anthony rebatió sus argumentos asegurando que aún era joven para morir. Desde una perspectiva universal, los humanos no eran más que niños a los que se les arrebataba la vida demasiado pronto.
La Muerte estuvo de acuerdo con él y le concedió una tregua de diez años. Mientras tanto, mató a cientos de personas con una tormenta tropical.
Métodos rápidos, para que no la hicieran sentir culpable.

Victoria.

El último guerrero ixita llegó a la tierra el 31 de agosto de 1974.
Como buena especie parasitaria, introdujo sus huevos en los estómagos de John y Marla Klein, unos granjeros tejanos de 65 y 61 años respectivamente.
Aprovechó que estos dormían para iniciar un lento proceso de gestación en sus estómagos que terminaría en una violenta eclosión y el nacimiento de varias docenas de criaturas alienígenas.
La esperanza de toda una raza.

El último guerrero ixita murió con la conciencia tranquila; jamás supo que John y Marla Klein mataron sin querer a sus retoños y evitaron la conquista de todo un planeta… con sal de fruta.

Un no parar.

De las cinco personalidades que le diagnosticaron a Kyle, solo una presentó la fortaleza necesaria para acabar con las demás. El problema es que, una vez liquidadas sus hermanas de psique, se lanzó contra toda criatura que se le puso al alcance.
Le cogió gusto al homicidio.