Supervivencia.

Aunque la guerra fría era historia, a Ernest le seguían preocupando las radiaciones y las bombas nucleares. En una revista de ciencia leyó que algunas especies, como las cucarachas, tendrían, gracias a su poder de adaptación, más posibilidades que los humanos de sobrevivir a un desastre nuclear.
Dispuesto a descubrir el secreto, Ernest llenó su casa de basura y crió un buen número de cucarachas con la intención de, a base de observarlas, aprender de sus hábitos.
Con el tiempo, la investigación se convirtió en una obsesión y Ernest empezó a actuar como ellas, involucionando hasta convertirse en un humano de hábitos insectoides.
Por eso nadie se acordó de él el día que fumigaron su edificio. Él, a diferencia de sus amigas, no pudo escapar por el desagüe de la ducha.

~ por billjota en Junio 24, 2007.

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