Boiled Blood
Tu realidad contada con asco.Archivos para Charlatanería
Culpabilidad.
Anthony fue durante toda su vida un tipo juvenil. Demostró que tenía más energías que nadie hasta los ochenta, y aún así, sus hijas no consiguieron meterlo en un geriátrico porque aseguraba que «los asilos son para viejos».
Un día, recién cumplidos los noventa, la Muerte visitó a Anthony y debatieron acerca de la longevidad. Mientras la parca le explicaba que se le había acabado el tiempo, Anthony rebatió sus argumentos asegurando que aún era joven para morir. Desde una perspectiva universal, los humanos no eran más que niños a los que se les arrebataba la vida demasiado pronto.
La Muerte estuvo de acuerdo con él y le concedió una tregua de diez años. Mientras tanto, mató a cientos de personas con una tormenta tropical.
Métodos rápidos, para que no la hicieran sentir culpable.
Burócratas depredadores.
Sanidad descubrió el martes pasado que en el restaurante de Pietro Costello se servía carne humana.
El mismísimo alcalde ordenó que cerraran el establecimiento el jueves.
Tenía una mesa reservada para el miércoles.
El toque mágico.
Terry era tan bueno jugando a los dados que sus rivales creían que hacía trampa. Pero él les demostró una y otra vez que estaban equivocados, al menos, hasta que Ezra apareció en su camino.
De suerte parecida o superior, Ezra era un hueso duro de roer, tanto que no tardó en destronar a Terry y acaparar todas las miradas.
Sus manos tenían una magia especial que codició hasta extremos enfermizos, los mismo que le condujeron a matar a Ezra, amputarle las manos y a pedirle a un matasanos ilegal que se las cosiera.
No pudo. Que él recordara, a los hombres no se le puede implantar manos mecánicas.
Cien metros listos.
La intuición de Ray le permitió eludir a la muerte en tres ocasiones.
A la cuarta, la muerte le tendió una emboscada y Ray salió corriendo con sus Nike recién estrenadas.
La muerte se quedó con un palmo de narices y yo con ganas de tener un patrocinador.
Billete de ida.
Trevor Kaluta descubrió que, con un pensamiento, podía moverse a la velocidad de la luz.
Necesitó 8,3 minutos para llegar hasta el sol y achicharrarse.
En su casa aún lo están esperando para cenar.